Critical Thinking

De la era del Desarrollo Sostenible a la economía del Desarrollo Sostenible.

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En los debates hoy día sobre economía las dos corrientes predominantes, libre mercado y la escuela keynesiana están de acuerdo en que los gobiernos no deben aprender a pensar en el futuro ya que esto parece ir en contra de la corriente económica. Los ideólogos del libre mercado no quieren que los gobiernos piensen en absoluto sino que deben reducir los impuestos, reducir los reglamentos, las leyes laborales de reforma, y ​​luego salir del camino para que los consumidores consuman y los  productores creen puestos de trabajo. Los keynesianos, que los gobiernos deben impulsar la demanda total a través de la flexibilización cuantitativa y estímulos fiscales y  sólo pensar en el corto plazo, porque se toman al pie de la letra la famosa frase de John Maynard Keynes, “a largo plazo todos estaremos muertos”.

Sin embargo ninguno de estos enfoques permite ofrecer buenos resultados. La economía de libre mercado da buenos resultados para los ricos, pero miserables para todos los demás. Las soluciones keynesianas, dinero fácil y un gran déficit presupuestario, también han quedado muy por debajo de sus resultados prometidos.

Si queremos tener éxito, la nueva era de Desarrollo Sostenible debería dar lugar a una nueva Economía del Desarrollo Sostenible.

Prácticamente todos los días, a nivel global, se produce una crisis del agua. Las más llamativas aparecen adam-jones-japanese-garden-portland-oregon-usareflejadas en los medios de comunicación, los embalses de la provincia de Henan en China secos que dejaron marchitándose las cosechas y obligando a las personas a beber de los charcos, Hyderabad (India) descubrió que su suministro de agua potable podría ser desviado aguas arriba para usos agrícolas dejando a 8 millones de personas preguntándose donde encontraran 730 millones de litros del agua que necesitan, las escorrenterias agrícolas contaminando el agua potable, florecimiento de algas en lagos y así mas.

Nuestros dirigentes responden a las crisis de abastecimiento creando infraestructuras, perforaciones, construcción de presas y colocando tuberías. Cada día se mueve en las 100 mayores ciudades del mundo 3,2 millones de metros cúbicos a mas de 5.700 kilómetros para paliar la escasez. Una solución cara que solo las ciudades más ricas se pueden permitir. Además crea conflicto a nivel municipal entre las autoridades y los ambientalistas que buscan aliviar la presión sobre bosques y cuencas.

No parece ser la la única opción.

La protección del agua en su fuente puede ser más barata y más eficiente que tratarla después de que ya se ha contaminado. En un nuevo informe de The Nature Conservancy, el Grupo de Liderazgo Climático C40 y la Asociación Internacional del Agua muestran que la inversión en la protección de bosques, reforestación, restauración, las prácticas agrícolas mejoradas y la gestión de los incendios forestales puede reducir la cantidad de contaminantes que fluyen en los suministros de agua potable.

 El informe, “The Blueprint Agua Urbana”, analiza el estado de las reservas de agua en 534 ciudades y 2.000 cuencas para proporcionar una visión global de las posibles soluciones naturales que se pueden integrar con la infraestructura tradicional. Los resultados son convincentes. La calidad del agua de más de 700 millones de personas se podría mejorar significativamente mediante la adopción de prácticas de conservación de las cuencas hidrográficas. Al menos una de cada cuatro ciudades analizadas encuentra este tipo de intervenciones económicamente viables, basadas únicamente en el ahorro de costes de tratamiento de agua evitados.

En Brasil, un fondo de conservación de agua está trabajando para restaurar la cuenca Cantareira, la fuente del 50% del agua de Sao Paulo. La zona ha perdido el 70% de su cubierta forestal original y los sedimentos de las laderas erosionadas han obstruido el embalse de la ciudad, poniendo en peligro el suministro de agua de la ciudad más grande de Brasil. Bajo el nuevo programa a los agricultores y ganaderos se les paga $ 120 por hectárea para reforestar o mejorar sus campos. Hasta el momento, cerca de 3.500 hectáreas se han plantado con árboles y se utilizan mejores prácticas de manejo del suelo. Reforestar otras 14.200 hectáreas podría reducir la concentración de sedimentos en la cuenca.

Los ahorros producidos por estos programas deben ser vistos en el contexto de los millones que las ciudades gastan en construcciones de plantas de tratamiento, tuberías y otros componentes de la infraestructura del agua y que podrían ser dirigidos de manera productiva hacia actividades de conservación y la creación de un nuevo mercado comparable en tamaño al existente para las tecnologías en dicho sector. Los ambientalistas tendrán que aceptar la idea de que la conservación no sólo significa proteger los paisajes vírgenes. También a veces requiere la mejora de las tierras en producción. De hecho, éstas son las áreas en las que se encuentran algunas de las soluciones más rentables. La calidad del agua se podría mejorar para más de 600 millones de personas si granjas y fincas que operan dentro de sus cuencas hidrográficas limitasen las escorrenterias y restaurando los márgenes de ríos y arroyos. Uso de la tierra y seguridad del agua están estrechamente vinculados. 

Necesitamos una nueva Economía del Desarrollo Sostenible, con los gobiernos pensando nuevos tipos de inversiones.

Autor: @anicolab

@anicolab

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